El tabaco, un venenoso placer

07 de junio de 2024 Diana von Kreitmayr

¿QUIÉN CONSUME A QUIÉN?

El tabaquismo es el consumo persistente de tabaco. El ingrediente activo del tabaco es la nicotina, una sustancia alcaloide, que normalmente produce el cuerpo humano y que deja de producirla cuando uno fuma. De ahí que la adicción esté vinculada a cubrir esa carencia a través del cigarro.

El malestar psicológico producido por el consumo excesivo de tabaco, suele presentarse con una leve ansiedad, una sutil culpa o vergüenza, el desarrollo de una pauta secreta de uso del tabaco o la aparición de un estilo de contraataque colérico que defiende la sustancia y critica a sus oponentes.

Los síntomas más comunes son: irritabilidad, inquietud, flojedad, alteraciones del sueño, alteración gastrointestinal, dolor de cabeza, pérdida de concentración y memoria, ansiedad y, ocasionalmente, un aumento del apetito.

 

OTROS EFECTOS

• La nicotina aumenta el peristaltismo intestinal, lo cual hace que muchos fumadores se sirvan del cigarro como laxante.

• Causa indigestión, estreñimiento e incluso colitis crónica (inflamación del tubo intestinal); úlcera péptica; mitigar o suprimir el apetito; inhibe la producción de jugo gástrico y aumentar los niveles de azúcar en la sangre.

• Puede provocar efectos graves al corazón y al sistema circulatorio; produce tos; aumenta también la gravedad de la tuberculosis y de otras infecciones de las vías respiratorias.

 

LAS CONSECUENCIAS DE FUMAR

• El peligro de muerte es 70% más alto para los varones y mujeres que consumen cigarros que para los que no fuman.

• El riesgo de muerte por bronquitis crónica y enfisema es de tres a 20 veces mayor, según la edad del fumador y la cantidad total fumada.

• El riesgo de muerte por enfermedad de las arterias coronarias aumenta 70% en los fumadores.

• Cuanto mayor es el número de cigarros fumados diariamente, tanto mayor es el índice de mortandad.

• Para los varones que fuman menos de 10 cigarros al día, el índice de mortalidad es 40% mayor que para los no fumadores; para los que fuman de 10 a 19 cigarros al día, es 70% más alto; y para los que fuman 40 cigarros al día o más, 120% más alto.

• La expectativa de vida entre los varones se reduce a un promedio de ocho años en el caso de los fumadores fuertes (más de dos cajetillas diarias).

• La expectativa de vida entre los varones se reduce a un promedio de cuatro años en el caso de fumadores moderados (menos de media cajetilla diaria).

• El riesgo es mayor para los que empiezan a fumar a una edad temprana.

 

¿POR QUÉ SIGUE FUMANDO LA GENTE?

Fumar no proporciona beneficio fisiológico alguno, pero proporciona cierta clase de satisfacción emocional. La gente joven tiene la impresión de que los hace sentirse mayores. Así, por lo que sea, parece que fumar hace sentir bien a la gente.

Una parte del aumento en el consumo de cigarros se debe a que nos hemos recuperado, hasta cierto punto, del miedo al cáncer. O bien, tratamos de convencernos de que las pruebas son estadísticas y, por consiguiente, no son absolutamente concluyentes. O se confía en que los cigarros con filtro protegen más. O no nos preocupamos, simplemente, y nos gusta demasiado fumar para abandonarlo definitivamente.

 

¿CUÁNDO SE EMPIEZA A FUMAR?

La tendencia en años recientes ha consistido en un descenso ligero del hábito de fumar entre los muchachos y un aumento relativamente constante entre las muchachas. La razón de ello es de carácter social.

Hubo un tiempo en que fumar era un privilegio masculino y se consideraba como poco femenino o peor en las mujeres. Esta distinción ha desaparecido con los años. Los hábitos de fumar de la mujer se han ido acercando cada vez más a los del hombre.

Hoy los niños tienen muchas más probabilidades de fumar si sus progenitores, sus hermanos y hermanas mayores, fuman, y si lo hacen también sus amigos.

El hábito de fumar empieza a edades más tempranas entre los niños que tienen objetivos más bajos, menos capacidad y menores logros. Hay excepciones, ya que muchos niños de progenitores que fuman no se convierten, afortunadamente, en fumadores; en tanto que algunos hijos de no fumadores, desafortunadamente, sí lo hacen.

 

TIPOS DE FUMADORES

Los motivos por los que cada individuo fuma son muy variados. Algunos no son fáciles de distinguir. Se dan casos en que algunos fumadores ni siquiera tienen idea de lo que los lleva a fumar.

Aunque muchos fumadores lo hacen por costumbre, hay otros motivos de tipo sociológico, como son los efectos de la propaganda de las compañías tabacaleras en la radio y la televisión.

Otros motivos son psicológicos, y también los hay de tipo fisiológico. Por ello, conviene saber cuáles son los motivos que impulsan a una persona a seguir fumando:

• El fumador psicosocial. Es el que recibe recompensas de tipo social y psicológico. Para él, fumar es un símbolo de fuerza, de precocidad, de atractivo sexual y de sofisticado buen gusto. Se trata, en su mayoría, de adolescentes y jóvenes.

• El fumador sensorial y táctil. Existen numerosas sensaciones de tipo placentero que motivan a estas personas: la apariencia y la textura de las cajetillas, las sensaciones de tener el cigarro en la mano y en la boca, el olor del tabaco, el proceso de encender los cigarros, inhalar y contemplar luego el humo cuando exhalan.

Si se agrega el sabor y hasta los sonidos, tenemos una amplia gama de sensaciones y movimientos que forman una especie de ritual en el que se sumergen algunos fumadores.

• El fumador que busca placer. La mayoría de los fumadores ocasionales y moderados (menos de 20 cigarros al día). Cuando fuman, buscan la relajación y el placer. Lo hacen, casi siempre en momentos de descanso, cuando pueden gozar del cigarro: después del trabajo, como premio, para aumentar el placer de las fiestas, para acompañar el café o la bebida alcohólica.

• El fumador que busca estimulación. Este fumador utiliza los efectos de la nicotina para activarse o avivarse, mientras está trabajando u ocupado en algo. Se utilizan los cigarros como estimulante. Se buscan las sensaciones de alerta.

Hay quien piensa que el cigarro lo ayuda a concentrarse y pensar mejor. También se dice que el cigarro disminuye el hambre, el sueño y la fatiga. Que alivia un poco el aburrimiento.

• El fumador que intenta calmarse. Algunos fuman con la esperanza de aliviar sensaciones desagradables, de tensión o ansiedad. Es común que las personas nerviosas fumen intentando calmarse.

• El fumador adicto. Este tipo de fumador ya no disfruta el tabaco, sino que fuma para evitarse los malestares de la abstinencia, haciendo de este hábito una necesidad marcada. Su organismo se ha acostumbrado a la nicotina. Ya no tiene en cuenta las circunstancias, fuma continuamente, durante todo el día, para mantener un alto nivel de nicotina en su cerebro.

• El fumador automático. Es el que enciende un cigarro tras otro, incluso cuando no se ha terminado de consumir el que estaba fumando. Son personas que no ven que el cigarro está a punto de quemarles los dedos. No se dan cuenta de que son ellos quienes prenden los cigarros, y se sienten muy molestos e inquietos cuando no tienen un cigarro encendido entre sus dedos.

 

¿QUÉ SE PUEDE HACER?

Si de todas maneras las personas insisten en fumar, es aconsejable que utilicen las siguientes recomendaciones, hechas por especialistas en el tema:

• No inhale el humo.

• No fume los cigarros hasta el final.

• No vuelva a encender las colillas apagadas, están cargadas de nicotina.

• Los filtros y las boquillas pueden atenuar los efectos.

• Elija una marca baja en alquitrán y nicotina.

Resulta muy difícil afirmar, de modo inequívoco, si es menos peligroso fumar puros o pipa que cigarros.

Los puros y las pipas tienen un área de mayor encendido, son más calientes y desprenden más nicotina que los cigarros. Además, el contenido de tabaco del puro es de aproximadamente cinco cigarros o tres pipas.

En cambio, si se aceptan verdaderamente los peligros del fumar y se quiere dejarlo, o si su médico le dice que debe dejarlo, entonces existen varias formas para hacerlo.

Lo primero es averiguar qué tipo de fumador se es. Se encontrará acaso que se puede bajar de una cajetilla de cigarros a un cigarro al día, o de fumar continuamente la pipa a sólo una pipa después de las comidas. Fumar poco disminuye los daños a la salud.

Pero, si se tiene alguna complicación, los mejor es dejar de fumar por completo. Algunas personas encuentran, para su propia sorpresa, que pueden dejar de fumar sin gran dificultad, decidiéndose simplemente a hacerlo.

 

TRATAMIENTO

El tratamiento efectivo contra el tabaquismo depende de la información precisa, de evitar el moralismo y de las actitudes valorativas, de comprensión y una conducta de apoyo.

• Los contratos escritos para la interrupción del consumo de tabaco pueden ser útiles.

• La sustitución por otras actividades, durante los momentos en que tradicionalmente se fuma, pueden proporcionar fuentes de diversión.

• Recurrir a técnicas de relajación y practicarlas diariamente.

• Deben eliminarse los instrumentos necesarios para fumar y todas las fuentes próximas de tabaco.

• Apoyarse en amigos que han conseguido dejar de fumar es favorable.

• El chicle y los aerosoles de nicotina pueden ser sustitutos de la nicotina contenida en el tabaco.

• Pueden resultar de gran ayuda algunos tipos de psicoterapia.

• Se debe anticipar que serán precisos repetidos esfuerzos.

 

EDUCAR LA VOLUNTAD

El problema del tabaquismo no es delimitar o definir si fumar es un placer, una costumbre, un hábito, un vicio o una enfermedad. El verdadero problema está en lograr plena conciencia de que es perjudicial para la salud; los jóvenes son las presas más fáciles del tabaquismo y esta nociva actividad está llevando a algunas personas a terminar de manera más rápida con su existencia.

El reto, si decidimos asumirlo, consiste en educar nuestra voluntad, proponernos realmente un cambio de actitud y llevar a cabo el esfuerzo necesario para lograrlo. Si es que no queremos ver que nuestra vida se va consumiendo poco a poco, al igual que un simple cigarrillo, por muy largo que éste sea.

 

DATOS CURIOSOS

Las ventajas y los inconvenientes atribuidos al tabaco han sido numerosos y variados. Se creía que la planta poseía poderes curativos tan milagrosos que se designaba comúnmente como “hierba santa”.

En 1959, el Dr. Everard recomendó en Londres el uso de hojas, extractos, ungüentos, polvos y lociones de tabaco, para curar una lista casi interminable de dolencias humanas, que comprendían jaquecas, sordera, dolor de muelas, resfriado, dolor de estómago, quemaduras, heridas, parásitos y mordeduras de perro rabioso.

El Dr. Tobias Verner expresó, en 1620, su gran desconfianza acerca del tabaco, diciendo que secaba el cerebro, oscurecía la visión, viciaba el olfato, embotaba y debilitaba tanto el apetito como el estómago, que trastornaba los humores y los espíritus, corrompía el aliento, inducía el temblor de los miembros, resecaba la tráquea, los pulmones y el hígado y chamuscaba el corazón.

Los turcos impusieron la pena de muerte por fumar, y el emperador de Rusia ordenó que a los fumadores se les cortara la nariz.

 

 Fuentes: Revista Si - Catholic.net

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